Ya han pasado 5 días, 5 escasos días para una prueba de la que me sigo acordando cuando bajo escaleras.
Esta prueba, no es sólo una media maratón, ha sido mi tercera media maratón y la segunda en este precioso pueblo de la costa Alicantina.
El año pasado llegué a esta ciudad con la idea de hacer una hora y media, así, sin tener ni idea de donde me estaba metiendo, el primer 10.000 en 43' y pensaréis pues ibas más o menos a ritmo. Los cojones. La primera vez que hacía un 10.000 y todavía me quedaba otro y 1'097km vamos, que lo llevaba claro, no si quería hacer hora y media, llevaba claro acabar. Y en parte así fue, porque no había corrido una carrera de este calibre, ni de otro, era mi primera popular de más de 1.000 personas y ahí estaba yo, peleándome con otros 9.000 para poder enganchar un ritmo que me llevará a la línea de meta. Y al final me llevó, algo me debió llevar porque yo no me podía con mi alma, cuando te entran todos los males, las pájaras y todas las historias que recorren tu mente como una estrella fugaz dejándola vacía, vacía de pensamientos, de frases que tiran de ti, de imágenes de personas que te han apoyado e imágenes de las personas que te dirían que no serías capaz de hacerlo, que no podrías, esas imágenes, esas frases recordando todo, son las que mas tiran de ti, las que te ayudan a seguir, y supongo que algo en algo de eso debía estar pensando mi mente cuando llegué al 17 y dijo, chavalote, hasta aquí he llegado, yo ya no puedo más. Ahora te toca a ti y eso hice, después de haber bajado el ritmo, haber corrido despacio, me puse a andar en el 17 como un campeón, me puse a andar y retome la carrera en el km 19 por lo menos por entrar en meta corriendo y acabar como podía. A esto se le añade la lluvia, el frío y el sudor. Y tienes el plan perfecto para una media maratón en la que de verdad sufrí y lloré, nada más entrar en meta, porque si, tenía esa necesidad, de llorar de felicidad, de dolor (por lo que resultó ser un principio episódico de fascitis plantar) y porque lo había conseguido, en un tiempo de 1:50:56.
Y tras haber entrenado todo un año para distintas pruebas pero con el objetivo, la espina clavada, ese dolor que tienes dentro que no sabes como sacarlo de la media maratón. Fui y esta vez con el objetivo correcto, correr, disfrutarlo y pasármelo bien, sin dejar de lado el tiempo, pero disfrutando con cada kilómetro, con cada pisada, cada paso, cada paso por kilómetro, cada persona aplaudiendo a la que yo sonreía con una sonrisa de complicidad, esperando unas palabras de ánimo, unas palabras que retumbaban en mi cabeza desde el primer 500, qué irónico, 500 metros recorridos y en mi mente ya oía, venga que ya lo tienes. Todavía me quedaba sufrir. No mucho, pero todavía quedaba, os dejo con una imagen antes de salir, de esas que dices, vaya pintas chaval, pero parece que vas a correr, o por lo menos lo vas a intentar.
No tengo ni idea si alguien leerá esto, pero tengo algo que me dice que debo contarlo, algo dentro de mi que espera que lo haga, y eso voy a hacer, contarlo.
Llegué a Santa Pola acompañado de Manuel Guerrero (primo, familia y buena persona y deportista de nivel, por lo menos de más nivel que yo) y llegas allí con los nervios, las ganas pero sobretodo con el objetivo, el objetivo clavado ese sub90' que te dejó marcado el año pasado, y os hago spoiler, no, no lo conseguí (por poco) pero no lo hice, pero lo disfruté como nadie; por eso era mío, todo mío y de nadie más. Mi esfuerzo, mi sacrificio y mis ganas de todo un año, todo unido.
Pero aquí estoy, en la salida, antes de empezar, antes de salir con un pensamiento ya cumplido, estás aquí, ya lo has conseguido.
Esa sonrisa expresa la satisfacción de haberlo conseguido.
Aun cuando ni siquiera había empezado.
10:20, faltan escasos diez minutos para la salida, va apareciendo la élite, se van dejando ver unos rostros que si tienen suerte aparecerán en la prensa local, se acercan personas de la organización a fotografiarnos, a vernos, estamos cerca del arco, muy cerca, pasan los minutos y noto que mi pulso se acelera, que el momento se acerca, estoy muy ilusionado, llevo mucho tiempo esperando el momento y tengo ganas de hacer realidad lo que tantas veces he soñado.
Esa entrada en meta, ese momento.
Y avisan, dicen que esperan a los jueces, una cuenta atrás, rápida, esperando a las organizaciones oficiales, y disparan, y todos a mi alrededor parece que quieren volar, yo empiezo tranquilo, cauto pero con ganas, con ilusión, y pasa el primer 500 y oigo voces que me dicen que ya lo tengo, kilómetro 1, veo a Manolo, grabando y feliz, de verme ahí. Y sigo tirando, en el kilómetro 4 encaramos la playa y ya, sobre los rayos de sol se empieza a dejar ver parte del público, paso por el kilómetro 5 en 21 minutos y ya hay bastante más gente animando, con pancartas con nombres, nombres que aunque no vayan para mi, yo los asocio a todas la personas que me han apoyado y que siguen a mi lado en mis aventuras, que me animan a seguir, que de una forma u otra me acompañan en este recorrido, en este camino, en esta ruta, en ese viaje al que llamamos vida.
Y casi sin apenas percibirlo he llegado al siete, parece que mi cuerpo quiere flojear, pero mi mente resiste y lo levanta, me levanta y me lleva, me lleva rápido, a un ritmo fuerte, casi llegando al 9 nos cruzamos con la élite, parece que Yator se está empezando a escapar y así fue, batió el récord de la prueba.
Paso por el kilómetro 10 por debajo de 43' sé que me está cogiendo el globo, pero sigo tirando, y viene la primera subida, y mantengo, para luego recuperar un poco en las dos sucesivas bajadas, aprovecho el avituallamiento para beber y refrescarme, el calor me va inundando por dentro.
Y llegamos al 14, paso al lado del edificio en el que paso la mitad del verano, y recuerdo todos los días de verano bajando a la playa, y tiro, tiro fuerte. Por mi y por todos los que van conmigo, en mi mente y en mi espíritu, por todos ellos.
Y paso por el castillo y esa pequeña calle que sube, y tengo un flashback al año pasado, en el momento en el que no podía y tiro, tiro fuerte, pillo el avituallamiento, veo el tiempo, y voy a ritmo, a ritmo de no conseguirlo, por unos poco segundos, pero tiro, tiro fuerte.
Kilómetro 17, el globo me pega el hachazo, pero noto como algo me quema dentro de mi, algo me dice que eso no puedo ser, que el globo no acaba delante de mi, como algo que me avisa que todavía me queda algo de energía, un cartucho por quemar, y eso hago, empiezo a tirar; las voces que sonaban en mi mente las voy gritando, VAMOS VAMOS VAMOS, VENGA VENGA VENGA, TIRA TIRA TIRA, DALE DALE DALE. Y sin darme cuenta paso por el 20 y lo veo, veo el tiempo, veto que estoy fuera, pero aún así lo intento.
Kilómetro 20, paso casi en 1 hora y 27 minutos, y sé que no puedo tirar a 3, pero se que me voy a quedar muy poco por encima, y tiro, enfilo las dos últimas rectas llenasen público animando aplaudiendo conCarteles y veo un vamos papá, y pienso en mi, que irónico, con 19 años y pienso en mi como padre con la idea de ver a unos hijos animando, sin saber ni siquiera si mañana seguiré vivo.
Y tiro, tiro mucho, lo más fuerte que puedo, me alejo del grupo, me voy por un lateral y tiro como si fuera la última vez que corro por el patio del colegio, como todas esas primeras veces que sabes que nunca más volverán, todas aquellas veces que lo hiciste en un lugar que cada noche deseas olvidar, como ese primer amor por el que lo diste todo y al final, te quedaste sin nada.
Así fue la entrada en meta, una entrada en meta sin nada, vacío por completo, de energía, de fuerzas y de cabeza, sin pensamientos sin ideas, un año luchando y que ahora te quedan un puñado de recuerdos, un papel con el tiempo y un puñado de fotografías.
Pero así son las cosas, tardamos demasiado tiempo en prepararlas para luego disfrutarlas ni una centésima parte de lo que las trabajamos.
Y finalmente os dejo con una foto, una foto que expresa todo lo que no se puede expresar con palabras, explicar los sentimientos de esta foto me llevarían a publicar otra entrada el doble de larga que esta y tampoco es plan.
“CARPE DIEM”


