Pues la verdad es que fue algo de lo más normal. Estás en verano, el sitio al llevas ya unos cuantos años yendo, sin ningún amigo allí y con la familia. Y en una de esas noches, un familiar te dice que, por qué no quedas con tu primo a la mañana siguiente a correr un poco y en ese momento te miras con tu primo con cara de bueno, puede estar bien; pues así fue, salimos a correr, unos 6 kilómetros en 36' y pensaréis pues tampoco es para tanto, pues para mi, a mis 16 años, cuando mi forma física era bastante lamentable no estaba nada mal. Pero lo peor estaba por llegar, ese momento crítico, nada más llegar a casa, te sientas, desayunas y no te puedes levantar, ni un mínimo gesto para incorporarte. Pero piensas, pues hasta aquí, he corrido hoy, y ya nunca más. Te tomas un par de días de descanso y al tercero ya piensas, echo de menos esa sensación al acabar de correr, esa sensación de satisfacción de haber hecho algo grande, de sentirte alguien extraño corriendo por el paseo marítimo. Y pasados tres años, se repite esa misma situación y ahora el que se considera raro es el que no corre, ahora los que corren, los corredores, “runners” son los que miran raro a la gente que no corre. Que eso es algo que tampoco me parece bien, pero eso es otro tema.
Retomando la historia de hace tres años, acabado el verano llegué a Madrid sintiéndome mejor, pero aún sin saber que había algo que me iba quemando por dentro. Y eso del correr poco a poco lo fui convirtiendo en una rutina, conseguí liar poco a poco a cuatro amigos y salíamos los sábados, hacíamos 8 kilómetros y nos creíamos héroes. Y esa rutina pues fue cambiando, los que corrían conmigo poco a poco se fueron desenganchando, pero vinieron otros, y a su vez, los que parecían haberse ido, volvían. Y así pasó un año, un año en el que creí haber madurado, pero me seguía sintiendo el mismo chico joven, adolescente, que cuando llega verano, se dedica a correr por el paseo marítimo, sin hacer más cosas. Y llegó el momento crítico, me apunté a la primera carrera, 6 kilómetros al amanecer, corría contra 900 personas, pero sin haberme enfrentado nunca a nadie, sin saber qué hacer, corriendo contra el tiempo, creyéndome llevar mi forma física al límite.
Y acabada esa carrera de final de verano, me avisaba que empezaba otro año y otro curso, un curso del que puedo destacar que abandoné el deporte por completo, que me dediqué a otras cosas, en definitiva, me abandoné. Y comenzó el verano más largo de mi vida, o eso me quisieron hacer creer mis profesores, y después de entrar en la carrera, tras pasar unas pruebas físicas, decidí dejar de lado todas las cosas de 2º y volver a mi rutina, mi hobby, mi tiempo para mi y para nadie más, mi tiempo de hablar con mis amigos, de reírme, de sentirme bien. En definitiva de verme bien. Y ya en verano, volví a correr, casi al ritmo al que empecé, bastante lamentable viéndolo desde fuera desde mi forma física actual, pero ya os digo, yo me creía un superhéroe.
Pues en septiembre empezó la broma, tenía un mes para correr antes de empezar a la universidad y la broma fue que en un mes me metí 114 kilómetros sin saber lo que eso suponía para mí. Y al empezar la universidad entré en el equipo de atletismo y tuve mi primer entrenador, me creía la élite, empecé a correr los cross, eran cada sábado y me sentía bien corriendo, quedaba a la mitad de los participantes, era por campo en otras universidades y en un ambiente buenísimo, me encantaba y me encantan, porque este año he corrido casi todos los crosses del año pasado, aunque alguno me he saltado por disponibilidad para las carreras de 10 kilómetros, pero encantado y sobretodo por la buena compañía,
la buena gente y los buenos amigos
y todo esto siguió así, hasta que exploté en una media maratón en enero, de la que ya os he hablado, pero no quería dejarlo, seguí entrenando después de varias visitas al traumatólogo, bajé el volúmen de kilometros y empecé a correr por diversión y no por competición hasta que encontré mi distancia top, los 10km y empecé a correr todos los que se me ponían por delante, bajando tiempos, en un año, he bajado más de 6' en esa distancia y con lesiones y entrenamientos muy bestias y sin entrenar. Y ahora, preparando la Media Maratón de Madrid, esa semana se cumple un año que corrí mi primer 10.000 en el que mi vida no daba para más y llegué a meta con lluvia y con ganas de morirme y ahora he encontrado el sentido por el que empecé.
Superación, llegar a mi límite y como fin último y bastante inalcanzable, encontrarme a mi mismo, y no voy a dejar de correr hasta que me encuentre y va para largo, y si algún día llego a encontrarme, encontraré otro motivo para seguir corriendo y sino, un "porque sí, porque me gusta" también está bien.
“CARPE DIEM”






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